FLECHAZO 3.0


Mi localizador de compatibilidades (LC) , un diminuto aparato en formato MP4, sonó en el momento menos oportuno, aquel en el que estaba ante la caja registradora (CR) dispuesto a depositar la compra sobre la cinta. Necesitaba las dos manos para atenuar su zumbido y la memoria para encontrarlo, de lo contario, a los cinco segundos aprox. un led rojo, situado sobre el número-banderín de la susodicha caja, con lucerío de feria y petardeo fin de fiesta, alertaría al personal de seguridad de mi retraso y, minutos más tarde, ya tendría a todos los cops de la zona entrando en el Supermercado, arrastrándome a empujones hacia la calle, derribándome, cacheándome y, de no hayar nada sospechoso, gritándome el derecho que me amparaba de ser asisitido por un abogado de oficio, que lo podría encontrar en la máquina expendedora de defensa jurídica (MEDJ), previa introducción de 2oo€$, entre la de bebidas frías y la de los preservativos y otros juguetitos… Y acusándome de alterar el orden público, como poco. Así lo sé porque yo ya estaba fichado, por bajar a tirar la basura sin la mascarilla antipolución (MAP). El plan b consistía en dejar paso inmediatamente al comprador que me precedía, pedir mil perdones a toda la fila y atender al aparatito…. Que Si mal no recuerdo… Yo juraría que lo puse en… Encontrado, y sin GPS. En el bolsillo izquierdo, entre las monedas… Soy un crak, yo.
A mi LC de quinta generación (LC Five Gen) le introduje los consabidos datos de mi perfil, como sexo, edad, posibles desviaciones sexuales, propensión autolítica… Lo típico, y los datos de la persona que buscaba:
Sexo: mujer.
Altrura: hasta 165, en centímetros cúbicos.
Peso: hasta 165, en gramos.
Piel (antes de la lluvia de cenizas): Indiferente.
Pelo ( ídem ): indiferente.
Ojos ( ídem ): que tenga.
Y en un radio Wi-Fi de cinco metros, de detectar otro LC cuyos datos fueren coincidentes a los establecidos por mí, mi PACO (pequeño aparato de los cojones), como así lo he bautizado, emitiría ese zumbido repetitivo, que me recordaba a los trinos de PL (el pájaro loco o Woody Woodpecker, también)… Sin cesar, in crescendo, hasta ser atendido el aviso. Y es lo que hice. Al final de la cola, por haber cedido el turno…


Mientras accedía a los submenús que me habrían de llevar al motivo del aviso, de mi bolsa de la compra, autodestructible en media hora, saqué una pequeña vaina de la que tiré de uno de sus filamentos hasta ver el contenido inflado y convertido en una manzana con sabor a macedonia. En la pequeña pantalla me apareció una leyenda que no permitía duda alguna: “rubia a 5 metros”, aunque al primer golpe de vista nadie de los allí presentes respondía a tal descripción: ni los cuatro caballeros que me antecedían en la cola ni la señora cubista de tres orejas y pechos asimétricos, ni la andrógena de la empresa de seguridad que me rozaba el culo con su porra eléctrica ni… Pero la pantalla empezó a parpadear, a dibujarse la onomatopeya del ronquido y a sonar, nuevamente, ese detestable y esperanzador zumbido que delataba que mi media naranja estaba próxima… “Rubia a 3 metros”, podía leer. En la estantería más cercana tan solo había un póster del General Paton de casi dos metros de altura, que anunciaba una conocidísima marca de rifles de asalto para niños. Ninguna ser humano. Pero la rubia ya estaba a “dos metros”, según la pantalla de cuarzo líquido de mi LC, y el sonido era insoportable. Y yo sin saber bajar el volumen. Cuando de repente, tras la desaparición de la mujer-Picasso que había acabado de pagar, me topé con el motivo de la alarma… Una morenaza cajera, de dientes en sierra, carita de pan de leña, cicatriz en el mentón, botox hasta en el sobaco…. “Fin del trayecto”, leía en el LC... y escuchaba en mi corazón. Una mirada cómplice selló el encuentro… Un desprenderse de su cabellera cobriza de nylon me aplacó todas mis dudas… Era calva, pero con un vello rubio infantil que anduve buscando por todos los saldos de la ciudad.
N. del A.:
Si crees que nuestro protagonista ha encontrado el A.M.O.R ( amistad más otros requisitos) ve a la página 15.
Si crees que nuestro protagonista se ha topado con un espejo ve a la página 22.
Si crees que nuestro protagonista sufre alteraciones de la realidad a causa de la vaina con sabor a macedonia ve a la página 24.
Autor Quin Valiente. 
Título Romi encuentra a Juli, 
Editorial Extravaganzia. 
Colección Bibilioteca InterActiva.
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