
El pueblo elegido por Dios Cuenta la leyenda que el pueblo elegido por Dios, por su actitud paciente no por su reprobable aspecto, sufría los rigores del crudo invierno mientras a escasos kilómetros de ellos otras familias disfrutaban de temperaturas mucho más amables. A los primeros se les helaba una cosecha que no recogían augurando que se habrían de mantener de mierda de la las cabras, si el Todopoderoso no ponía remedio, tocando a dos bolitas por cabeza y día, según cálculos del Chamán. Mientras que el resto de los pueblos cantaban, danzaban y retozaban entre el trigo y el mijo que permitiría rebosar los silos, y festejaban los mozos y se alzaban las faldas las mozas en el pajar y todo era alegría y jolgorio, en verano la tierra mostró su aspecto más yermo para el pueblo de Dios, con sequía, sed y escasez, y malhumor y desencanto y suicidios colectivos y separaciones en matrimonios octogenarios... Mientras que las familias cercanas al pueblo de Dios ...